Un vallisoletano pone en vuelo un avión fabricado en su casa

marzo 20, 2008

Pascual Cantos RomeroHay quien construye maquetas de barcos, quien monta mecanos, quien se atreve con puzzles de piezas infinitas. Todo esto se le queda muy pequeño al vallisoletano Pascual Cantos Romero, de 52 años y copropietario del aeródromo de Matilla, que hace décadas decidió entregarse, en el tiempo libre, a su pasión: la construcción de aviones ¡en su propia casa!

Su última gran obra, (es la tercera, tras un motovelero y un Piper Cup), es una Vans RV-6A de dos plazas, con un motor de 180 caballos, un peso en vacío de 500 kilos, una velocidad de crucero de 270-300 km/h y una autonomía de cuatro horas de vuelo, gracias a su depósito de combustible de 500 litros. Con esta avioneta ‘casera’ se puede plantar en Sevilla en dos horas. Ahí es nada.

De profesión encargado de dos estaciones de servicio (Saras y Repsol) en Arroyo, Pascual ha terminado el aparato tras siete años y medio de dedicación en sus ratos libres. Pero lejos de dejarle exhausto, el reto superado le ha espoleado a embarcarse en un nuevo reto, fabricar el modelo RV-7, más avanzado.

Es más, no duda en calificar su afición de “relajante”, para asombro de los legos en la materia. “Ha sido una de las mejoras cosas que me han pasado en la vida. Es como engendrar un hijo y encima, con una ventaja: no he tenido ningún problema y me lo he pasado bien”, resume el empresario gasolinero.

En realidad, sólo ha tenido un contratiempo, porque los cálculos le fallaron y tuvo que realizar unas reformas en el chalé para sacar el avión por la ventana.

Conviene aclarar que Pascual no es el único ‘loco’ de la aeronáutica de Valladolid que ha dado el paso de fabricarse su avioneta, ya que David, otro habitual del aeródromo de Matilla, también está enfrascado en este reto. Lo mismo, multiplicado por cien, que en Estados Unidos, donde es muy popular esta afición y donde, por cierto, la legislación es mucho mas flexible y no existe limitación de fabricación casera de todo tipo de avionetas.

Pero, ¿esto va a volar?

El mérito de Cantos reside en que las piezas que le surtió el fabricante Van’s Aircraft (Aurora, Oregón) para dar cuerpo a su RV6, llegaron en estado bruto. Por ello, tuvo que medir las vigas del ala y las planchas con paciencia franciscana y luego cortarlas al milímetro para que todo ensamblase con armonía.

“Tenía las chapas y los planos, y a partir de ahí, me dediqué a conformarlo todo. Ha sido muy trabajoso, empezando porque tenía que pensar en pulgadas. Las cabezas de los remaches de las planchas también me han llevado muchas horas, ya que son embutidas para favorecer la aerodinámica, Además, el aluminio lleva por dentro una capa de imprimación”, aseguró.

Con la avioneta ya avanzada, llegó el momento de montar el motor. Ahí dudó, pero tiró para adelante.

“Pensé en delegar en alguien más entendido, pero al final me lancé y no hubo problema. En realidad, el motor de una avioneta destaca por su sencillez y fiabilidad. Sus sistemas principales, como encendido y suministro de combustible, son dobles. Por ejemplo, hay doble bujía y dos bombas de carburante”, explicó.

La avioneta tiene dos sellos personales. Uno es el tablero de mandos. Es de estampa clásica, en contraposición con las últimas tendencias más ‘pijas’ que incorporan GPS y sistemas digitales. El segundo, el escudo dedicado a su querido perro boxer Blas, fiel compañero en las solitarias horas de taller.

Pero si la fabricación ha sido minuciosa, las inspecciones al aparato no le han ido a la zaga. Tras solicitar un permiso de construcción a la Dirección General de Aviación Civil del Ministerio de Fomento, le dieron un número de autorización con el primer envío de material y posteriormente recibió dos inspecciones de Aviación Civil, una antes de concluir la cola del avión con los timones de profundidad y la segunda, antes de cerrar las chapas. Finalmente, para recibir el certificado de aeronavegabilidad, tuvo que superar dos pruebas, una de 15 horas de vuelo y otra de 50 tomas de tierra y despegue. Todo OK.

Estos días de Semana Santa son propicios para que Pascual sobrevuele Matilla y El Montico con su avioneta. Y es posible que, desde el aire, dibuje una sonrisa burlona dedicada a sus vecinos de ahí abajo. Ésos que le preguntaban incrédulos cuando el avión era sólo un armazón: “Perdona Pascual, pero ¿ésto va a volar?”

Fuente: El Mundo.

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